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                                <em>La forma del agua</em> de Guillermo del Toro

La forma del agua de Guillermo del Toro

Ciudad de México, 17 de enero de 2018 ( Luis García Orso, S.J.).- “Si te contara sobre ella, ¿qué te diría?”. La forma del agua (The Shape of Water, 2017)   es un cuento sobre una princesa sin voz que en sus sueños vive en el agua e inicia su día sensualmente en la bañera mientras prepara huevos cocidos para llevar al trabajo. Su viejo departamento, en tonos verdes, está justo sobre un enorme cine, y tiene de vecino a un pintor ya de edad que no consigue trabajo. Elisa trabaja en el equipo de limpieza de un centro de investigaciones militares del gobierno norteamericano. La época: hacia 1962, en plena Guerra Fría de la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El tapatío Guillermo del Toro (Guadalajara, 1964) logra la perfecta combinación de cuentos de fantasía y de terror, de historias románticas, de cine musical y del cine bélico norteamericano, para contar una hermosa historia en favor de las personas marginadas, diferentes, aisladas; en favor de los que no tienen voz ni lugar en la sociedad. Los protagonistas: una empleada muda, otra mujer de raza negra, un artista viejo y homosexual, una creatura humanoide y anfibia. Ellos serán la princesa, el príncipe, el monstruo, las hadas madrinas de los cuentos. Y, por supuesto, habrá hombres malvados y ogros, monstruos que lo son y otros que no lo son. Porque, entonces y ahora, en la era McCarthy o la era Trump,  hay hombres que suben al poder y desde él imponen ideologías, excluyen y humillan a personas y pueblos, reprimen y violentan, provocan guerras y muertes. En esta historia filmada, una macana eléctrica, la oficina fría de un agente fascista, un carro Cadillac, un macho sobre su mujer, lo representarán muy bien. Pero en la vida siempre hay lugar para el amor, para la ternura, para la amistad, y esto es lo único que puede cambiar el rumbo de la historia. Cambiar desde los que no valen, no hablan, son nadie, son ‘diferentes’. Cambiar desde un amor que no necesita discursos ni palabras, una imaginación que crea acciones por los demás, un arte que se interesa por aquellos que no cuentan y que nos hace libres. La vida se llena de belleza y de sentido cuando alguien mira en otro lo que los demás no ven; cuando alguien es capaz de tocar el corazón y la piel; cuando alguien no ve monstruos sino creaturas también de Dios. El talentoso director logra dar a su historia la ambientación, el ritmo, la dirección, la edición, la fotografía, la música de Alexandre Desplat, para lograr una hermosa fábula de una belleza honda y trascendente, de una sensibilidad y una imaginación fuera de lo común. Todos los detalles de época que enmarcan la narración y en los que se formó Del Toro alimentan su propuesta: la película Creature from the Black Lagoon (El monstruo de la Laguna Negra, 1954), y los cuentos de La Bella y la Bestia y de King Kong, en que no hay propiamente monstruos sino creaturas capaces de enamorarse; la música fascinante de Benny Goodman y los bailes y canciones de Betty Grable y Alice Faye, que devuelven ilusión a un pueblo en medio de la segunda guerra mundial; las pinturas de Norman Rockwell que abogan por las minorías marginadas; la historia bíblica de Rut, en que una extranjera se vuelve pueblo fiel, o Dalila, que vence al invencible Sansón;  y una canción de 1943, You´ll Never Know, que revive tan hermosa en el presente con la interpretación de Renée Fleming.   La forma del agua y Guillermo del Toro hacen que el cine, la imaginación y el arte ofrezcan al ser humano lo mejor de sí mismo: la capacidad de amar. “Si te contara sobre ella, ¿qué te diría?... Todo lo que viene a mi mente es un poema que susurra una persona enamorada”.
                                                                <strong>La providencia guio el decisivo rol de SIGNIS en la democratización de la comunicación en Malawi</strong><br />
 

La providencia guio el decisivo rol de SIGNIS en la democratización de la comunicación en Malawi
 

Malawi, 16 de enero de 2018 (Andrew Kaufa). A pesar de que SIGNIS nació en 2001 con la fusión de Unda y OCIC, su historia en Malawi surge en 1991, gracias a un grupo de periodistas jóvenes católicos como Felix Mponda, Francis Chikunkhuzeni y Richard Chide. En aquel año, ellos se enteraron de una conferencia en Dar e Salaam, Tanzania, organizada por la Asociación Internacional de Periodistas Jóvenes. Más de 20 de ellos asistieron a este evento. Esta Conferencia de Dar e Salaam fue providencial. Desde 1992, Malawi comenzó a experimentar vientos de cambio social y político de un régimen de partido de Estado a una democracia multipartidista, después de que los obispos católicos escribieran una influyente carta pastoral titulada Vivir nuestra fe. Esta carta pastoral condenó el gobierno dictatorial y opresivo de Hastings Kamuzu Banda y al Partido del Congreso de Malawi, instándolos a permitir a los malawianos disfrutar de derechos humanos elementales, como la libertad de asociación y de opinión política. En ese momento, Malawi necesitaba algunos periodistas valientes que pudieran facilitar el movimiento social que devino en la democratización del país.   MACAJO y el ACJ Después de la carta pastoral de 1992, el Padre Piergiorgio Gamba, consideró necesario unir a estos jóvenes periodistas bajo en el Malawi Catholic Journalists (MACAJO). En ese momento, John Loga, un católico y prolífico escritor ya retirado, se convirtió en el mecenas de MACAJO. Los obispos católicos, a través de la Secretaría Nacional de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Malawi (CEM), respaldaron a la asociación y a sus actividades. Desafortunadamente, cuando algunos miembros fundadores comenzaron a morir y otros crecieron en edad y responsabilidades, el entusiasmo se desvaneció, y MACAJO se extinguió. Sin embargo, como si la historia se repitiera, una iniciativa surgió en 2008, cuando los periodistas católicos se acercaron a la Conferencia Episcopal para pedir autorización para revivir MACAJO bajo un nuevo nombre: Asociación de Periodistas Católicos (ACJ, por sus siglas en inglés). Obviamente, los Obispos respaldaron a la Asociación la cual, ha registrado a casi 100 miembros en todo el país. Precisamente, la membresía de SIGNIS en Malawi es promovida por la oficina nacional de la CEM, que comprende a ocho departamentos diocesanos de comunicaciones sociales, cuatro estaciones de radio católicas (Radio María Malawi, Radio Alinafe, Radio Tigabane, y Tuntufye FM), dos imprentas (Montfort Media y Likuni Press) y una estación de televisión (Luntha Television).   Actividades de SIGNIS en Malawi Hoy en día, las principales actividades de SIGNIS en Malawi involucran la capacitación de seminaristas, religiosos y religiosas, así como del personal que colabora en medios católicos y de los agentes pastorales de varias diócesis. Por ejemplo, en 2015 y 2016, el Secretario Diocesano de Comunicaciones Sociales para Dedza reunió a sacerdotes de todos los decanatos en talleres de alfabetización mediática. En 2015, a través del Departamento de Comunicaciones Nacionales de la Conferencia Episcopal, todos los medios católicos y pastorales, planearon en conjunto varias actividades para celebrar el Día Mundial de las Comunicaciones Sociales. Además, se han realizado varios talleres tanto a nivel nacional como diocesano, sobre redes sociales, particularmente, Twitter, YouTube y Facebook. Así, es gracias a SIGNIS que la Asociación de Periodistas Católicos ha vuelto a la vida. La oficina facilitó una serie de reuniones en varias diócesis, convocando a todos los profesionales. En 2016, estos esfuerzos alcanzaron su clímax cuando, por primera vez en siete años, se organizó una Reunión General Anual de nuestra Asociación. ¿Cuál es el futuro? Si miramos la historia de SIGNIS en Malawi, diríamos que la asociación está tomando la dirección correcta, en la medida en que se está convirtiendo cada vez más en una asociación de profesionales. Sin embargo, llama la atención el hecho de que sigue siendo una asociación de periodistas más que de profesionales de los distintos medios de comunicación. Probablemente, es hora de expandir la visión de lo que SIGNIS es, para que todos los profesionales católicos de radio, cine, televisión y de las nuevas tecnologías de redes sociales, se integren como miembros de la asociación. Además, al igual que en Kenia, Nigeria y otros países, el ACJ y otros medios de comunicación deberían considerar convertirse en miembros por derecho propio para que Malawi tenga más de un miembro en SIGNIS, cada uno de ellos contribuyendo de manera única con la asociación.