*Película ganadora del Premio SIGNIS en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI 2017). 

Buenos Aires, 12 de mayo de 2017 (Blanca María Monzón). Basada en la historia personal de su directora, Estiu 1993 es sin lugar a dudas el mejor film de un muy buen nivel de Competencia.

Una niña de 6 años acaba de perder a su madre, víctima del Sida. Sabemos luego que el padre, del cual no se habla, ha muerto tres años antes por la misma causa. Tanto sus abuelos como sus tíos deciden que lo mejor para Frida es pasar a formar parte de la familia del tío materno, quien tiene una pequeña hija.  Por lo que este será el primer verano con su nueva familia.

Estiu 1993 es una historia tierna, sensible, que genera una emoción en el espectador desde su primera escena.

La muerte de un progenitor produce en el niño, mucha confusión y temor respecto de quienes lo cuidarán en un futuro, Aunque a esa edad la vean en principio como algo transitorio, ya que la muerte está alejada de su vida, y en todo caso están acostumbrados a verla en la ficción. Por lo que expresar su pérdida, tiene otros tiempos, y un personal modo de vivirla.

Este es un film que habla del dolor de toda una familia, de la pérdida, y de lo implica todo esto sumado al desarraigo y al exilio en la mente de una niña. Y allí reside su mayor belleza, en saber contar todo esto con un conocimiento profundo de lo que es la infancia. Sus juegos, sus temores, sus alegrías, como cuesta a veces compartir, los celos, de que modo se aborda tanto dolor, la imposibilidad de hacer un duelo. Porque los mayores suelen no hablar de esto directamente, por lo que se apela al susurro. Pero siempre los niños saben e intuyen… aunque elijan callar, no preguntar.

Es cierto que es muy difícil aceptar la muerte de una madre joven, y hay una resistencia colectiva que se retroalimenta de la creencia, de que éstas son la únicas personas que pueden sentir un amor incondicional  hacia nosotros. La diferencia sustancial en esta historia es, que en este viaje hacia la aceptación, Frida cuenta con la contención necesaria, que genera una familia cuyos lazos están basados en el amor y el respeto. Y todo esto esta muy bien narrado, muy buen filmado, técnicamente impecable. Con todos estos ingredientes, sin ningún golpe bajo, ni melodrama alguno, la ópera prima de Carla Simón representó una bocanada de aire fresco, tanto para los críticos, como para el público en general.