Lyón, 6 de noviembre 2006 (Signis) - Nosotros profesionales de los medios, ciudadanos, cristianos y miembros de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación (SIGNIS), reunidos en Lyón,

llamamos a un cambio fundamental en la orientación de la comunicación mediática: ésta debe centrarse en nuestra capacidad de vivir los unos con los otros, si queremos contribuir a la construcción de un mundo en paz, respeto y solidaridad.

En efecto, al inicio de este siglo XXI es urgente construir una cultura de paz, para responder a las esperanzas expresadas por los pueblos del mundo, confrontados a violencias por la ausencia de un respeto a la dignidad humana. Tal ausencia tiene varias causas: El hambre, las injusticias estructurales, el nacionalismo, los conflictos étnicos - religiosos, el terrorismo y las guerras.

Recordando
_ Que la Paz no es solamente la ausencia de conflicto. Para nosotros la paz es una manera de resolver los conflictos, no por el derecho del más fuerte, sino por la fuerza del derecho y la negociación, con la finalidad de obtener una plenitud de vida para cada una y todas las personas.


Convencidos
_ Que en cada ser humano hay un anhelo profundo de paz y que la paz es un don de Dios, sabemos que somos capaces de realizarla, como lo prueban tantas iniciativas de parte de los que, en todos los países y condiciones, creyentes o no, trabajan, sufren y consagran sus fuerzas a ésta tarea. “Felices los artesanos de la paz, porque ellos serán llamados Hijos de Dios”.


Constatamos y subrayamos
_ Que la paz pasa hoy por los medios. Estos tienen la capacidad de ser “mediadores” y tienen el rol esencial de contribuir a la comprensión mutua y a la solidaridad.

Vivimos en un mundo siempre más plural y multicultural. Esa multiplicidad puede generar malos entendidos y miedos. Los medios pueden facilitar la convivencia ayudándonos a aceptar y acoger las diversidad de nuestras identidades y aportando un reconocimiento social a los diferentes grupos y comunidades. También pueden, al contrario, favorecer la violencia, cuando refuerzan las tendencias sectarias, cuando se someten al sensacionalismo, cuando reproducen los estereotipos sobre los demás y cuando promueven el odio.

Por eso
_ Nos comprometemos a promover una cultura de paz, trabajando conjuntamente con todos los comunicadores de buena voluntad con quienes compartimos los objetivos siguientes:

1. Desarrollar la capacidad de los medios en intercomunicar a las personas, los grupos y los pueblos.
- Favorecer una representación veraz y justa de los diferentes grupos de la sociedad y abrir a todos el acceso a la comunicación y la posibilidad de participar plenamente en ella.
- Desarrollar la capacidad del público (en particular de los jóvenes), a adquirir una actitud pro-activa, una distancia crítica y una libertad de interpretación del lenguaje de los medios. Esto debe ser una prioridad.
- Mantener las exigencias éticas de atención a la dignidad de las personas. Mediante un acercamiento humano a cada una de sus realidades.
- Estar atento a la fuerza emocional de las imágenes: Estas imágenes producidas o transmitidas pueden provocar tanto rechazo como aceptación o tanto una mirada que niega la dignidad de los seres humanos, como una mirada que promueve la solidaridad.

2. Desarrollar la independencia de los medios en situación de conflicto.
- Apoyando a todos los que trabajan por la libertad de expresión y los derechos humanos
- Respetando al público con una información seria y profunda, sin someternos a diferentes formas de presión o de censura económica.

3. Vigilar el rol de los medios en situación de conflicto.
- Buscando sacar a la luz las causas y las raíces de los acontecimientos.
- Denunciando las situaciones de injusticias estructurales o coyunturales.
- Siendo concientes de cómo los hechos de violencia son presentados y su efecto sobre la opinión pública, sin promover la idea que la violencia es una forma normal de resolver los conflictos.

Como profesionales de los medios y como cristianos contribuir a una cultura de paz será también para nosotros posibilitar la voz a los que no son escuchados y presentar los rostros de quienes son olvidados.

Esto nos exige valentía para asumir el riesgo del servicio profético, como todos aquellos profesionales que soportan represión y violencia, por las que muchos ya han perdido la vida. El esfuerzo que hoy hacemos aquí es una manera de honrar su sacrificio.