México, 12 de febrero 2018 (Luis García Orso, S.J.). En el día de san Francisco de Sales, el 24 de enero, el Papa Francisco ha enviado su Mensaje para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, invitando a la reflexión sobre un tema muy actual: las noticias falsas (“fake news”). Vale mucho leer completo el mensaje; hacemos aquí una consideración sintética.

Este fenómeno comunicacional tan extendido se refiere a aquellas noticias que están construidas con datos distorsionados, o inexistentes, o muy parcializados, o sin fundamentación, pero que se hacen pasar engañosamente como datos verdaderos y/o completos y se captan como verosímiles. A esto se agrega que tienen detrás un gran despliegue de publicidad o del poder de los grandes medios, y, ordinariamente, de recursos económicos. Su éxito –hasta hacerlas virales muchas veces- se debe en gran parte a que conectan con emociones de destinatarios del gran público; por ejemplo, con enojos, frustraciones, miedos, prejuicios, intolerancia, etcétera. Incapaces muchas veces de distinguir la verdad de la falsedad, los seres humanos quedamos entrampados en manipulaciones y engaños.

Una característica negativa de este tipo de noticias que necesitamos advertir es que casi siempre esconden intereses y conveniencias de algún sector: intereses económicos, ideológicos, políticos, grupales, partidistas,  pero no la  verdad de los hechos o el bien de las personas todas. Por tanto, son informaciones o reportajes que tratan de ir contra de otros, desacreditar, sembrar prejuicios y animadversión, y que llegan a herir, ofender, dañar a otros, y a crear divisiones y enemistad.

La realidad de noticias falsas que vivimos merece el cuidado y la responsabilidad de los auténticos comunicadores y de quienes queremos vivir  con espíritu cristiano, como nos atañe a los miembros de SIGNIS. Éstas son las invitaciones que nos hace el Papa Francisco para llevar a nuestra práctica de comunicación:

  1. Aprender a leer y valorar la información, a verificar las fuentes, a aclarar, a fundamentar en serio, a buscar y ahondar la verdad y las raíces de las situaciones que se comunican, y no a propagar mecánicamente una desinformación.
  2. Educar para saber discernir, valorar y ponderar lo que se mueve en el corazón de cada uno, de modo que podamos actuar con verdadera libertad y no por intereses desordenados.
  3. Apreciar y apoyar lo que favorece el bien de las personas y el bien social, el interés por otros, la unión y cooperación, la confianza, la escucha, el diálogo y el encuentro, y no lo que causa división y daño.
  4. Acercar a Aquel de quien podemos fiarnos y a quien creer: al Dios que es verdadero y nos hace personas verdaderas y libres. Y aprender del camino auténtico del Evangelio de Jesús.
  5. “El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas: personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Éste, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas”, concluye el Papa.