Bruselas, 23 de febrero de 2018, (Jim McDonnell). “Noticias falsas” componen la información que recibimos todos los días. Esto se debe, en gran parte, a que el presidente de los Estados Unidos emite al menos un tuit donde acusa a los periodistas de escribir “noticias falsas” para criticarlo a él o a sus seguidores. El término ha llegado a ser tan frecuente y tan preocupante para los gobiernos, las empresas, la sociedad civil y los propios periodistas, que en todo el mundo proliferan las conferencias, seminarios y charlas sobre el tema.

¿Qué es una noticia falsa?

El fenómeno de las “noticias falsas” no es nuevo. Su uso, como una forma de propaganda y desinformación, se remonta a la antigüedad; por ejemplo, los atenienses, emplearon con éxito la desinformación al ser derrotados por el rey persa Xerxes en la batalla de Salamina. En épocas más recientes, la desinformación fue una herramienta comúnmente utilizada por todos los bandos durante la Guerra Fría.

Desde sus inicios, los tabloides y la prensa popular han inventado historias. A pesar de estos antecedentes, el término “noticias falsas” se acuñó por primera vez, a fines del Siglo XIX en los Estados unidos. Sin embargo, recién se generalizó desde que comenzó a usarse en relación con las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016. Lo que ha generado el actual brote de ansiedad sobre las noticias falsas es su conexión con Internet y las redes sociales. Lo que vemos ahora son pequeños grupos de personas que, por razones políticas, terroristas, comerciales o criminales; logran crear sitios web de noticias falsas, con la habilidad para manipular interacciones y algoritmos en redes sociales, creando historias y temas («memes») que se vuelven virales muy rápidamente. Facebook reveló en 2017 que los mensajes de encono vinculados a Rusia llegaron a 126 millones de estadounidenses durante las elecciones de los Estados Unidos.

Existen cuatro tipos comunes de noticias falsas: primero, historias falsas fabricadas deliberadamente, diseñadas para manipular a los lectores para que crean o realicen determinada acción. Tal es el caso de los grupos terroristas que siembran historias falsas para reclutar adherentes y difundir odio, de delincuentes que promueven beneficios falsos para extorsionar a la gente, de entidades patrocinadas por el estado que trabajan para sembrar la discordia social y de los teóricos de la conspiración para probar casi cualquier cosa. En segundo lugar, el informe sesgado, parcial o pobre en su relación con hechos reales para ajustarse a una agenda, como la negación del cambio climático, los efectos secundarios de la vacunación o cualquier cantidad de controversias políticas.

Tercero, historias de escándalos, chismes y rumores que contienen elementos parciales de verdad, diseñados para aumentar las ventas o la publicidad. Cuarto, la sátira o bromas que se toman al pie de la letra.

Los efectos de las noticias falsas

Las consecuencias de las noticias falsas están lejos de ser triviales. Las víctimas de atentados han sufrido dos veces porque los mensajes y tuits los tildaban de mentirosos, niños murieron de sarampión debido a historias que alegaban que las vacunas eran peligrosas, falsas acusaciones de blasfemia o brujería propagadas por las redes sociales han resultado en la muerte de personas concretas.

En sentido general, se ha visto que la prevalencia de noticias falsas socava los niveles básicos de confianza en los procesos políticos, el periodismo y la cohesión social. Es preocupante que, incluso cuando las noticias se revelan como falsas, mucha gente se niega a reconocer que han estado equivocadas y su creencia en la información falsa se fortalece al ser confrontados con los hechos.

Sin embargo, hay algunos indicadores positivos de que el poder de la epidemia de noticias falsas no es del todo letal. Una encuesta global realizada en octubre de 2017, descubrió que las acusaciones contra los medios convencionales de publicar noticias falsas no lograron dañar la reputación de cadenas como la BBC o el New York Times.

En su lugar, descubrió que las redes sociales, como Facebook, Twitter y WhatsApp, eran menos confiables para casi el 60 por ciento de las personas. Además, en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Brasil persistió la firme creencia (73 por ciento, dicen estar de acuerdo) de que el periodismo de calidad es clave para una democracia saludable. Y cuando otra encuesta mundial mostró que casi el 80 por ciento de las personas temía ser engañado por noticias falsas, sorprende menos descubrir que hay más personas dispuestas a pagar por noticias de calidad en línea.

Combatiendo a las noticias falsas

Se están tomando una serie de medidas para combatir las noticias falsas. Alemania ya aprobó una ley para exigir a los proveedores de redes sociales que eliminen contenido ofensivo y muchos gobiernos están estudiando reglas para garantizar que las empresas de comunicación digital adopten esquemas de autorregulación y reconozcan que tienen responsabilidades como “editores” y no sólo como canales de noticias. Bajo presión, las propias compañías de redes sociales están respondiendo mediante el uso de editores y algoritmos para identificar y bloquear sitios de noticias falsas.

Las emisoras públicas y las fuentes de noticias de confianza, como las empresas periodísticas, han invertido más recursos en la verificación de datos. Por ejemplo, la BBC, ahora tiene un corresponsal de Reality Check (verificación de datos o concordancia con la realidad). También, la emisora de Reino Unido ha decidido dedicar más tiempo a producir “noticias lentas”, es decir, noticias que brindan un mayor contexto a las historias.

Muchas especialistas señalan la necesidad de una alfabetización crítica en materia de medios para ayudar a los usuarios, jóvenes y adultos, a lidiar con las noticias falsas; en un intento de equipar a las personas con las habilidades para identificar y desafiar los prejuicios, las tergiversaciones y las mentiras. Esta alfabetización mediática, sin embargo, también debe abarcar otras dos dimensiones.

En primer lugar, lo que se llama alfabetización en medios comerciales, que ayuda a las personas a comprender la forma en cómo se financian los medios digitales y el periodismo y, de manera crucial, el rol que juega la publicidad dirigida y el uso de datos personales a los que tienen acceso los medios digitales. Segundo, una alfabetización ética en los medios que ayude a las personas (y organizaciones) a comprender sus responsabilidades como usuarios, lo que es aceptable y que fortalece a la sociedad y cómo combatir las noticias falsas y el discurso de odio al hacer uso de los medios digitales. Parece ser que la mayoría de la gente está tan inundada de información que reenvía o da retuit a publicaciones sin siquiera evaluar el contenido. ésta es justamente la forma en que la información falsa se puede difundir de manera fácil y rápida.

El Papa Francisco ha elegido discutir el tema de las noticias falsas en su mensaje de la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales 2018, pero el énfasis no está tanto en lo “falso”, sino en la alternativa, un compromiso con la verdad. Su objetivo, el del Papa, es promover un periodismo que “siempre busque la verdad y, por tanto, un periodismo de paz que promueva el entendimiento entre las personas”. Al final, el flagelo de las noticias falsas sólo puede ser contrarrestado por un compromiso continuo, de los productores de medios y de los usuarios de esos mismos medios, para con los valores de verdad, apertura y honestidad.